Lengua extranjera
La gente ya no habla en poesía; pero no de ésa que lleva rima y métrica, de esa poesía desgarradora, no.
La gente ahora habla el idioma de la tecnología, de los caractéres, de los posts, los gifts, las URL, hablan el idioma de las redes sociales.
Han perdido lo hermosamente poético de un atardecer, de una charla amena en un parque o a la hora del café, o del no querer saber nada del mundo.
Por mi parte, me quedé con esa lengua extraña del romance, de las antiguas, olvidadas, y ¿por qué no? buenas maneras.
Amo la intención de un saludo bien hecho con intención, cortesía y sinceridad.
¿Qué tendría que haber de malo en ello?, a no ser porque el mundo ya no lo entiende; le cuesta trabajo lo bueno, lo que lleva tiempo, lo de calidad.
Será tal vez por éso que me gusta platicar con los mayores... Hacer ése recorrido del: buen día, le molesta si me siento y poner una gran sonrisa; tomar un lugar a un lado y esperar a que ellos hagan la plática.
No han abandonado la tarea de conquistadores y galantes: por favor, señorita. Mientras se ruborizan y deleitan con la sonrisa roja que tímidamente uso como agradecimiento.
A muchas mujeres ya no les gusta ser tratadas así. A mi me derrite que me besen la mano, que me cedan el asiento o me abran la puerta. Adoro el detalle ya casi extinto de recibir flores y que me dediquen canciones., cuanto más leer líneas que sé que fueron elegidas, elegidas, o escritas para mi.
No puedo evitarlo, sigo hablando en esa lengua extranjera de la cursilería y el romanticismo, ésa que si de mi cuenta corre no se extinguiría jamás; Ésa que endulza los oídos y llena el corazón y el alma. Esa lengua dulce y fina, calurosa y candorosa que a veces, no mucha, contrasta con mi aspecto.
Ese idioma que rompe barreras, aunque a veces también acreciente los abismos. Ése lenguaje que al no saberlo hablar separa, pero que cuando es descubierto funde y cohesiona el universo en un solo latido.
Ese idioma que no necesita del todo palabras, porque se siente en la piel y hace vibrar el alma, y hasta llena los ojos de lágrimas.
Lo han llamado arte, cultura, buenas costumbres...
Ha sido despreciado y a veces, poco valorado; pero para quien lo encuentra y se descubre en el es un tesoro sin igual, inagotable, inmenso...