I.- Los ojos no lo ven todo
Dices que me observaste, pero no viste nada en realidad...
No viste mi piel erizarse, ni mis poros abrirse
Te faltó notar el ligero rubor en mis mejillas y el escote
No notaste el arco de mi espalda
Ni te tomaste un segundo más para el abismo entre mis pechos.
Tus ojos no cruzaron el universo en mi mirada
y tampoco el manantial de vida entre mis piernas
Dentro de poco, nada en ese universo tendrá sentido;
me estoy secando poco a poco
y entonces sólo verás el polvo.
Alguna vez me temiste.
Dijiste que yo era el demonio,
que te había regresado a la vida
que para ti era entonces sólo de trabajo y soledad.
Pero que después de mis labios y mi piel
solo querías pertenecer a mi mundo;
era como si yo te hubiera pervertido
con mi inocencia inconsciente,
ésa por la que quemaban a las brujas
y las ahogaban en los ríos después de haberlas poseído.
No era éso.
Era sólo que mi alma seguía visible
y aún se escuchaba el galopar de mi corazón
como un tambor que atrae e hipnotiza.
