La mala costumbre de tener buena memoria
Hace algunos años a mi abuelita la diagnosticaron con Alzheimer, la cual como familiar es una enfermedad dolorosa, sobre todo cuando ellos ya no pueden reconocerte y te das cuenta de la angustia que representa para ellos el no saber con quién o de qué están hablando, entre otras situaciones que acompañan este mal.
Y hago esta referencia porque muchas veces me he quejado de que tengo buena memoria, y a veces llegan a mi mente imágenes de tiempos atrás que en ocasiones si fueron mejores que los actuales, lo cual incluye personas, lugares, sentimientos ideas, moda y música; y si a esto se le añade que en mi memoria las imágenes son vívidas, sensoriales se hace un poco más complicado.
Sin embargo, creo que sin todo ése cúmulo de memoria me sentiría incompleta, y hasta un poco perdida, y es que ahí es donde se forman los cimientos de lo que somos ahora, lo que nos hace saber de dónde venimos y a dónde queremos llegar, que si hoy estamos encumbrados una vuelta atrás nos dará perspectiva de qué tan duro hemos luchado para llegar ahí, y si nos sentimos solos podemos volver por un abrazo de algún ser amado o hasta de un buen consejo que aplique a nuestra situación actual.
Ahora, que tengo un punto de vista diferente de los recuerdos, no puedo más que agradecerlos en lugar de quejarme de ellos; al final no dejan de ser un gran tesoro e irán con nosotros sin importar cuántas veces nos cambiemos de casa, de amigos, de ciudad o de pareja; pero debo ser clara en que sólo son éso, memorias y deben quedar ahí, como soporte de todo lo que soy ahora y lecciones para lo que está por venir.
Hace algún tiempo que escucho en muchos lugares que el pasado es sólo un lugar para visitar y no para vivir, con lo cual estoy completamente de acuerdo, es hermoso poder recordar algún momento que nos hizo felices, sobre todo si en el momento actual no estamos como al cien por cierto por la razón que sea; sin embargo, que sea sólo por obtener un poco de combustible para seguir adelante y no el pretexto perfecto para aferrarnos a lo que ya no fue y no volverá a ser jamás.
Por algo es pasado y aunque en nuestra memoria haya sido perfecto hay que soltarlo para poder seguir adelante y moverse como el reloj, haciendo que cada segundo cuente.
Por lo que ahora sé, sólo puedo pedir que en el momento que tenga que entregar mi balance y rendir mis cuentas pueda entregar todo sin omitir nada y como he aprendido hasta ahora, sin arrepentimientos, sino con muchas lecciones; sin pena ni lástima, sino con orgullo y honestidad.
Que puedo estar orgullosa de quien fui y de lo que hice con mi vida, pero que puedo estar aún más feliz con lo que soy y hago ahora, que he sabido cumplir todas las promesas que le hice a quién una vez fui y que sigo siendo fiel a esa persona, que no ha habido situación, lugar o persona que haya borrado un sólo centímetro de mi identidad y de mi proceder.