Cuando tú no cuentas el chiste, o no critiques lo mismo que tú harías

Últimamente veo y noto en algunas redes sociales que hay demasiados puristas de demasiados temas; debo confesar que estoy en alguna de ésas listas, sin embargo y afortunadamente he estado aprendiendo a moderar mi instinto nazi a corregir la ortografía ajena.

Bien, el punto es que mientras paseo inocentemente por algunas redes me encuentro cada vez más seguido con amigos, conocidos y desconocidos haciendo alarde de sus mejores chistes a base de las más humanas y comunes fallas de los demás.

Y así, veo como los que alguna vez me invitaron a usar juegos son los que ahora de maneras a veces chistosas y otras un poco amargadas piden y suplican que ya no les envíen invitaciones a juegos; los que ahora tienen dinero se burlan de los que no están en una buena situación económica; los que no mueven un dedo quejarse de los que hacen ejercicio y viceversa y una gran lista de situaciones que hasta llegan a parecer absurdas.

Y me pregunto: ¿Quién nos dio o asignó el papel de jueces de la humanidad? ¿De dónde sacamos la perfección absoluta que nos autorice a criticar o desdeñar los intentos de los demás de participar en el juego de la vida? ¿De dónde sacamos ése purismo en todos los temas habidos y por haber?

Si hiciéramos un ejercicio de bruta honestidad hacia nosotros no pasaríamos ninguno de nuestros filtros, por el simple hecho de ser HUMANOS, nada más por éso, y no tenemos ningún derecho de pasar o querer pasar sobre alguien más.

La tolerancia no es fácil de practicar, lo sé muy bien, pero es más gratificante poder pasar por alto esas situaciones a tener que estar corrigiendo o trolleando a todo el mundo todo el tiempo. Y entiendo las ocasiones en que la situación lo amerite, digo tampoco se trata de ser mártires.

Sólo digo que si ya contaste el chiste y fue bueno contigo, deja que también alguien más lo cuente, no te va a quitar likes ni seguidores, y si haces ejercicio y te alimentas bien estás en el mismo derecho que el que come lo que le da la gana y no mueve ni un dedo ni en defensa propia.

Al final, me quedo con la enseñanza de un viejo profesor de español a quien admiro y respeto mucho quien me dijo: "No critiques eso mismo que tú harías" hay que acordarnos que en la vida nada es permanente, ni nosotros, ni nuestras situaciones, ni la vida misma y ninguno estamos exentos al cambio...

Entradas populares